Reedit, remodel

Reedit, remodel

Rosa Lleó analiza el deseo de recuperación de las revistas de arte como material de estudio, ejemplo de una época y base para planteamientos expositivos renovados. 

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Aspen, colección MACBA

A estas alturas ya empieza a resultar cansina la típica frase de que los 2000 están dominados por el prefijo reReedición, re-enactment, re-interpretación son palabras constantemente utilizadas para definir todos los productos de la cultura. Me atrevería a incluir otra: recuperación del fondo infinito de la historia con minúsculas. Y eso, a pesar de que tienda a repetirse, es bueno.

El caso de estudio de este texto son las revistas que, a diferencia de la música –cuya gran mayoría se encuentra en los infinitos archivos de Spotify y Youtube–, no aparecen  mayoritariamente escaneadas en Internet. Ni mucho menos. Además todos sabemos que no es lo mismo. Como sucede con los discos de vinilo, no se pueden abrir ni tocar en su versión digital. Ni pasar página. Las revistas las tienes que comprar, a precios generosos, o ir a la biblioteca especializada para hojearlas con guantes blancos. ¿Cuál es la manera “menos peor” de leer y exponer este tipo de material efímero hoy en día? ¿Reedición o relectura crítica?

Paradójicamente, uno de los lugares donde pude acceder a hojear algunas revistas descatalogadas como File, o si lo hubiera pedido, incluso a un ejemplar de Minotaure, fue en la feria Frieze Masters. Una feria en la que pasado y presente se confunden en la lógica del mercado, constituyendo un admirable ejemplo del actual funcionamiento del capitalismo tardío. Todos aquellos documentos  que precisamente propugnaban la reproducibilidad de la página para salir del mercado vuelven a la feria como objetos preciosos. La famosa editorial e imperio de librerías Walter König estuvo presente a través de un generoso stand dedicado exclusivamente a ediciones, publicaciones y libros de artista históricos. El despliegue era realmente admirable: cuadernos de Duchamp, Man Ray, toda la colección de libros de Hans-Peter Feldmann, hasta el catálogo de When Attitudes Become Form, y multitud de joyas más. La mayoría de los comisarios y artistas directamente se saltaron la visita a Frieze y se amontonaban en la librería de Frieze Masters. ¿Por qué? Por fetichismo, desde luego, y porque todavía las publicaciones tienen un lugar menor, escondidas bajo una vitrina o al final de una larga exposición temática, lo cual produce poco más que frustración y nostalgia para aquellos con ansia de acceder a ellas.

Normalmente las publicaciones sirven más de testimonio, ratificando la mayor o menor producción cultural de un contexto concreto, que para la lectura de su contenido. Desde el libro cerrado y su imposibilidad, hasta el facsímil atado con un hilo, los comisarios y conservadores intentan solucionar de múltiples maneras -más o menos ingeniosas- la coyuntura de mostrar las ediciones. Una a resaltar fue la que, por ejemplo, el comisario suizo Moritz Küng utilizó en la exposición Peter Downsbrough. The Book(s) 1968-2013 en Fabra i Coats Centre d’Art Contemporani (Barcelona, 2013), donde unos vídeos mostraban una mano hojeando las páginas del libro una a una, mientras el original quedaba dentro de la vitrina. Aquí, la naturaleza objetual del libro se convierte en imagen en movimiento, rompiendo con la imposibilidad que conlleva una vitrina. También este año se expuso una revista multimedia como Aspen (1965-1971) como parte de la presentación de la colección del MACBA. Una publicación tridimensional dentro de una caja de cartón, que en realidad aparece en su día como alternativa a la exposición, en busca de un nuevo formato para exponer un arte que estaba expandiendo sus registros al sonido y la imagen. Actualmente se presenta en la exposición con unos dispositivos individuales que permiten acceder a la mayoría del material sonoro y fílmico, contrariamente a lo que sucedía en el momento de su publicación, en el que se dieron varias críticas ya que el “lector” debía hacerse de un proyector y un equipo de sonido para poder acceder a todo el material.

Pero me atrevería a añadir la posibilidad de buscar alternativas críticas y creativas que permitan el acceso a estos materiales efímeros, tal vez no a través de ellos mismos, sino del contexto de su creación, para también discutir sobre cómo trabajar con material histórico y presentarlo en el presente, dándole una nueva y más amplia lectura.

A través de un editor

Stuart Hall. Uno de los principales referentes de los Estudios culturales. Jamaicano y afincado en Inglaterra desde 1951. Junto con E.P. Thompson y Raymond Williams fundan la New Left Review en 1960. Los dos primeros años de The New Left Review (núms 1-12, 1960 -1962) constituyen un período distintivo y autónomo, caracterizado por un acercamiento novedoso a la comprensión de la cultura popular y con propuestas innovadoras para la democratización de la industria moderna de comunicaciones. De orientación marxista, la revista analiza la política y la economía globales, los poderes estatales y los movimientos de protesta y también incluye ensayos de teoría cultural, historia, filosofía y estética. Estos hechos le sirven a John Akomfrah para crear The Unfinished Conversation (2012) una pieza de vídeo en tres pantallas, en la que la vida de Stuart Hall se convierte en el hilo para hablarnos de cómo se construye una narración histórica.

En la pantalla central, una sucesión de filmaciones de las apariciones de Hall en la BBC. En las laterales, imágenes de la Jamaica colonial y del archivo personal del teórico se intercalan con imágenes históricas de la segunda mitad del siglo XX. Todo a través de una impecable banda sonora de jazz. Las alusiones a The New Left Review tan sólo aparecen de vez en cuando en la pantalla central, reiterando una de las principales ideas de Hall de que la identidad yace en la intersección entre lo político y lo íntimo. No es un documental – Akomfrah acaba de estrenar The Stuart Hall Project como documental al uso sobre estas cuestiones–, la obra nos habla del contenido más de que del continente de la nueva izquierda y la época en la que Hall fue editor. Tampoco impone ningún punto de vista político sino que evoca, a través de imágenes, algunos aspectos de la filosofía de Hall. La sucesión de imágenes muestran que narrar la historia no es una tarea simple, lo íntimo y la identidad se intercalan siempre en ese proceso, como algo no fijo, sujeto de una conversación inacabada. De la misma manera que una revista se constituye como una parte, como algo efímero y en el tiempo.

 

A través de una conversación

Tamar Guimarães, 15 1/2, 2013

Tamar Guimarães, 15 1/2, 2013

 

“Me gustaría invitarte a pasar un fin de semana en la Casa de Vidro durante el 23 y 24 de marzo. Será una manera directa de experimentar el museo como entorno doméstico, pero principalmente mi intención es establecer un diálogo sobre la revista Habitat que fundó Lina Bo Bardi en 1950 y planear la edición del número 15 ½”. Este fue el mensaje que envió la artista brasileña Tamar Guimarães a un pequeño grupo de artistas, comisarios, historiadores y arquitectos para producir una obra en la exposición The Insides are on the Outside que comisarió Hans Ulrich Obrist en el museo Casa de Vidro, antigua residencia de Lina Bo Bardi en São Paulo.

Bardi llegó a Brasil en 1946 con una senda experiencia como editora en Italia, cuando trabajó bajo la supervisión de Gio Ponti. Junto a su marido Pietro M. Bardi, anterior editor y autor de publicaciones reconocidas bajo el régimen de Mussolini, ambos fundaron la revista Habitat, el periódico del Museo de arte de São Paulo. El título estaba conectado con el tema de la arquitectura al que le da un valor y una interpretación que también es artística y de una función social. Aunque Habitat era la revista periódica de un museo, estaba enfocada a discusiones arquitectónicas. La estructura editorial también seguía el ejemplo italiano, con artículos que hablaban de teatro, arte, música, cine y artesanía. Habitat ponía un mayor énfasis en el ambiente socio-cultural brasileño. La voz de Bardi era manifiesta en todo tipo de textos, incluso los firmados bajo el pseudónimo de Alencastro, un polémico y provocador escritor que firmaba sus artículos con un pequeño sello similar al de una máscara de carnaval.

El resultado del proyecto de Tamar Guimarães es una fotonovela filmada en la casa de los Bardi que intercala imágenes de la revista con escenas del encuentro informal durante el fin de semana y detalles específicos de la casa. Se escuchan diálogos improvisados y lecturas en voz alta sobre los temas que se cubrían en la revista y en la práctica general de Bardi para poder imaginar el número 15 ½. De nuevo cuestiones sobre la representación y la narración de la historia se entretejen en este trabajo. A través de esta pieza descubrimos aspectos sobre la revista, sobre sus editores y sobre el contexto sociopolítico en el que fue creada, de una manera tangencial, que es la propia mirada subjetiva de Tamar Guimarães.

Por último, una performance

En 1969, Lee Lozano escribe la Throwing up Piece, unas instrucciones para una acción que se basa en tirar las doce ediciones de Artforum al aire, haciendo que las páginas se destruyan y se dispersen por el suelo. A partir de este iconoclasta ejemplo, pero también de los anteriores, se sugieren intentos de cómo exponer y relacionarse con la historia sin que quede petrificada. La voluntad quizá sea la de despertar una curiosidad que va más allá del caso concreto para pensar en el ahora y producir narraciones, crítica y maneras efímeras de producción útiles en el presente.

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