Crónicas en meandros, afluentes y recintos feriales. 3: Contrachapado

Recorridos, visitas, filtros, guías y planos. Cuerpos y movimiento buscando contenidos. Paloma Checa-Gismero recorre la feria siguiendo programas y fuera de ellos.

Crónicas en meandros, afluentes y recintos feriales. 3: Contrachapado

“Hace 12 años yo estaba aquí, no en esta habitación pero

en una muy parecida. Este pasaje me ha marcado

Me han tratado de artista y eso ha condicionado mi futuro

Tenía 27 años. Ya no soy la misma persona

Recorro las calles de esta ciudad y no recuerdo

casi nada. Apenas siento nada de nostalgia

In English below

Mi vida está en otro lado. Hace 12 años me preguntaba

si por fin era feliz. Puede que lo

fuera más que ahora. En cualquier caso la cuestión

se ha vuelto infinitamente más vasta y compleja.

Hace 12 años vivía un periodo decisivo

el comienzo de un trabajo independiente y serio.

Todo estaba ante mi. La vida verdadera comenzaba. Hoy

me enfrento a una nueva batalla. Estoy en la mitad de

mi vida si tengo suerte; veo mi propia

muerte en cada una de mis fotos. La vida

no ha sido lo que deseaba. Ya es hora

de asumirlo y de entrar en duelo por los sueños que

nunca se cumplirán. El duelo del tiempo

perdido, de la joven que fui.”

Martí Anson

Martí Anson

Estas palabras son de Elina Brotherus, traída a ARCO este febrero de 2014 por Ama Gallery, de Helsinki. Ella las distribuye en post-its en una pared y toma una foto.

Escribo desde fuera.

Escribo sentada en una mesa de contrachapado oscuro de un metro cuadrado. Dos salvamanteles enfrentados protegen el laminado de los impactos de la vajilla de porcelana. Por encima de todo revisten la estructura para que no se vea bien que no es madera. Bebo mi tercer café de la mañana. Suena a mucho, pero sumados todos en realidad son un café grande de los que acostumbro a beber en mis paseos matutinos por los cañones de San Diego. Quizá mañana haya de probar con un desayuno peripatético alrededor de la columna central del restaurante del hotel donde me hospedo. Quizá salga mejor texto.

Al confirmarse mi invitación a la feria como escritora se me ofreció un paquete de servicios. Esto era nuevo para mi. Uno de esos servicios era un tour personalizado individual por ARCOmadrid. Se me extendió la pregunta sobre el tipo de arte que estaba interesada en ver. Mi respuesta, inocente, dio pistas acorde a mis intereses. También dijo mucho acerca de la nube en la que vivo. Qué bien, alguien que filtre los contenidos de la feria en función de lo que estoy investigando. El pensamiento nació del desajuste de quien no habita las ferias de arte y a cambio es náufraga en bibliotecas -donde hay métodos y maneras de filtrar las búsquedas-.

El mecanismo de la visita personalizada tiene la intención clara de mediar entre el extranjero y la comunidad local. Esto ocurre a través de presentaciones, charla amena, encuentros repentinos con otros actores, discusiones sobre piezas concretas o acontecimientos conocidos por todos los pobladores del sistema arte global, sin distinción de procedencia. Sin embargo, para que este dispositivo funcione tienen que cumplirse dos condiciones: la primera es que se comparta un código; la segunda, que el extranjero sea lo suficientemente ajeno al contexto como para que la ilusión de acercamiento sea creíble. Para mi, que estoy a medio camino, la ilusión no fue tal, lo que estuvo bien porque pude entender la maquinaria. La persona responsable de mi visita, aún conociendo mi circunstancia, hizo su trabajo con irrefutable profesionalidad. El dispositivo está diseñado con un objetivo claro e imagino que por lo general es exitoso. A pesar de saber que sería extraño, acepté la oferta de la visita no sólo movida por la inocente esperanza de reforzar mi investigación, si no ante todo por ver cómo funciona un elemento más de los que componen una feria de arte.

Tras el recorrido diseñado deambulé un rato por los stands.

El caminar intuitivo me llevó a las copas, donde irremediablemente las conversaciones te lían con eternos desconocidos, pero también con aquellos a quienes suponías conocidos. Una vive con la asunción de que el afecto añejo subyace a los roles profesionales que temporalmente nos toca asumir. Sin embargo, se sorprende con que sólo en dos o tres casos se comparte la creencia en que toda buena masa requiere un trabajo sincero, detallado y sostenido en el tiempo.

Ni guías ni planos, el paseo fue el filtro. Caminé por la feria dejando que el cuerpo me condujera. Tres galerías donde se detuvo con placer fueron ayer: Graça Brandão, Lisboa (súper The Black Hole Analogy de Joao Maria Gusmao y Pedro Paiva, 2013); Vermelho, Sao Paulo (el Libro mole de Odires Mlaszho, 2013); y Estrany – de la Mota (me encanta el proyecto Arquitecto anónimo de Martí Anson, 2013). Creo que lo que me gusta de los tres es que cada uno espeja los temas que me ocupan en las bibliotecas y con mis alumnos.

Antes de cerrar encontré los post-its de Brotherus, que me recordaron el valor del testimonio personal, así como el hecho de que las investigaciones -por mediadas que sean- devuelven siempre al menos una parte de aquello que los ojos buscan. La serie de elementos que rodean y articulan mi estancia en la feria de arte esta semana afianza mi condición de alienígena geográfica y disciplinar. Al venir a trabajar se ha normalizado mi condición de orbitante. Es muy interesante desglosar las pautas del proceso.

In English

Laminated

12 years ago I was here, not in this same room but

in a very similar one. This landscape has marked me

They treated me as an artist, and that determined my future

I was 27. I’m no longer the same person

I wander the streets of this town and I don’t remember

almost a thing. I feel little nostalgy

My life is elsewhere. 12 years ago I wondered

if I was finally happy. I may have,

more than now. Anyway, this question

is today infinitely more serious and complex.

12 years ago I lived a decisive time,

the start of an independent and serious work.

I had everything before me. Life was beginning. Today

I face a new battle. I’m in the middle of

my life if I’m lucky; I see my own

death in every one of my pictures. Life

was not what I hoped. It’s high time

I accept it and mourn those dreams that

will never be realized. Mourning lost

time, mourning the young woman I once was”.

 

These are Elina Brotherus’ words, brought this February of 2014 to ARCO by Ama Gallery, Helsinki. She writes them in post-its on a wall and photographs them.

I write from outside.

I write from a one square meter dark laminated table. Two facing cloths protect its surface from the potential impacts of porcelain plates. They are mainly dressing the structure so one can’t perceive it’s fake. I drink my third coffee of the morning. It sounds like a lot, but all added up they in fact equal one large coffee of the kind I use to drink in my morning walks in the San Diego canyons. Maybe tomorrow I should instead go for a peripatetic breakfast around the central column in the restaurant of the hotel where I’m staying. A better text may come out of that.

Once my invitation as a writer for the fair was confirmed, I was offered a service pack. Something new to me. One of those services was a personalized individual tour around ARCO. I was asked what kind of art I was interested in seeing. Naive, my answer gave hints of my interests. It also said plenty about the cloud I inhabit. So great, someone who filters the fair’s contents according to what I’m currently doing research on! This thought bred from the disadjustment of she who does not belong to art fairs at all, and is in exchange casted away in libraries -where methods to filter searches in fact do exist-.

The device of the personalized visit is thought with the clear intention to mediate between the alien and the local community. It is through introducing her to people, through easy chat, sudden encounters with other actors, discussions around selected art works, or the exchange of impressions about the common currency of art world events known to everyone that it all happens. However, in order for this device to work, two conditions must be met: both parts should share the same code -and not just a linguistic one-; also, the alien must be alien enough to the context so as to buy the illusion of approachment. Being half-way, for me there was no such illusion, which was great because I got to understand well how the mechanism worked. The person leading my visit, despite being aware of my circumstances, made her work with unquestionable professionality. The device was designed with a clear intention, and I assume its rate of success must be relatively high. In spite of knowing beforehand I would feel strange in such position, I accepted the offer. I was moved by both the hope of nourishing my research, and the curiosity of witnessing the functioning of one amongst many other engines activating an art fair.

After the tour I wandered across gallery booths. 

Intuitive walking led me to drinks, where I couldn’t avoid being caught up in conversations with strangers. I was also trapped talking to those whom I thought I knew. One lives with the assumption that old-time affection lays beyond all professional roles people may temporarily assume. However, one is also constantly surprised. The others seldom believe in the need for long manual work to make good quality bread.

No guides, no maps; walking was the filter. I walked the fair hallways, letting my body be the driver. It was pleased to stop at three galleries. Graça Brandão, Lisboa (awesome The Black Hole Analogy by Joao Maria Gusmao and Pedro Paiva, 2013); Vermelho, Sao Paulo (liked Libro mole by Odires Mlaszho, 2013); and Estrani-De la Mota, Barcelona (I loved the project Arquitecto anónimo by Martí Anson, 2013). I think that what I like about them all is that they each reflect in their own way the concerns keeping me busy today in the library and the classroom.

Before they closed I came across Brotherus’ post-its. They reminded me of the value of personal testimonies, in addition to the fact that research -however mediated it might be- always retrieves at least a hint of what the observer’s eyes seek. The series of elements around my stay this week at ARCO work towards consolidating my alien condition. Geographical and disciplinary. Flying here to work has naturalized my being an orbitant. Deciphering this process is fascinating.

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