Crónicas en meandros, afluentes y recintos feriales. 1: Las informantes

Paloma Checa-Gismero realiza durante la semana de apertura de ARCOmadrid una serie de crónicas entre la crítica y la narrativa, entre paseos y miradas.

Crónicas en meandros, afluentes y recintos feriales. 1: Las informantes

teresa margolles la promersax240

En coche desde la plaza de Legazpi, Madrid son semáforos y atascos. Hay árboles en las calles, sobre todo acacias. Es gris y húmeda. Manejamos hacia Móstoles a la inauguración de Testigo, la retrospectiva que el Centro de Arte 2 de Mayo le dedica a la mexicana Teresa Margolles. Es lunes y en el coche vamos tres que no nos hemos visto en un mes y medio, más una nueva incorporación que tiene nombre de súper héroe. Las cañas previas humectan la batería verbal contra esa gala de premios que el IAC organizó en el Reina Sofía. Para quien viene de fuera cualquier historia narrada por un local se convierte en tesoro dorado. Un hojaldre con mil capas de información sobre el hecho contado: se valora la opinión del informador como relato mediado por su directa implicación en el contexto, se valoran también los datos que la narración da sobre el rol del actor en el marco, las palabras que se eligen para hablar y, claro está, los datos que aportan sobre el hecho de discusión en sí. En las cañas, quien estuvo en las butacas habló del esperpento de la gala. La charla nos preparó para tamizar la escucha antes de entrar a ese tipo de acto obtuso que son las inauguraciones de arte.

In English below

No sé si la expo de Margolles que presenta el CA2M es testigo en tanto que persona que da testimonio de algo, que lo atestigua, o si, quizá, lo sea como cosa que, aunque inanimada, arguye o infiere la verdad de un hecho. Quizá el título no se refiera a la exposición ni a la obra, si no que a la artista. No sé. Por lo pronto sé que es el título de una foto de un árbol. El árbol está en Ciudad Juárez y está acribillado con balas. Desde luego, cualquier muestra de arte habría de leerse como testigo de algo. De la manera en la que la artista vive y piensa los objetos que produce. De cómo participa de las preguntas que atormentan a su generación -de cómo responde hoy a las preguntas que le atormentaban hace quince años-. De si es visible o no en el mercado; de si, por el contrario, sus características son fruto de la inclinación de la artista por otros marcos institucionales. Pueden ser testigo del momento de una biografía en el que causas externas connotaron las prácticas en direcciones inesperadas, dando un giro lingüístico y material a lo que firmaban los nombres. En principio, las exposiciones de arte no podrían darnos un testimonio hablado, pues no son seres humanos y es difícil interrogarlas de frente.

Sin embargo, tal y como mi informante habló con naturalidad sobre la gala de los premios del arte, la exposición también comparte información. Las piezas ofrecían una mirada inocua de Ciudad Juárez. A mi sorpresa, se parecía más a la Tijuana de hoy. No quiero entrar en detalles porque éste no es el foro -mejor vayan ustedes a Móstoles a ver las obras-, pero si daban señal de algo las piezas era de las contorsiones que Margolles habría tenido que pasar para extraer la muerte de la ciudad. No sabremos cuáles fueron ni cómo ocurrieron a no ser que escuchemos las anécdotas de los testigos de esa experiencia – y habría que encontrarlos antes-, pero sí que tenemos el indicio de la operación. Parece que los muertos perdieron sus cuerpos y se volvieron abstractos, fantasmas, transparentes.

La erradicación de los conflictos: ese milagro que acontece en algunos medios. Por esa anécdota que dice que el capital lo engulle todo, parece como que la sangre de las yugulares de los peces que cruzan el río grande a contracorriente deja de ser roja y se vuelve espuma de cerveza verde helada. “Ciudad Juárez somos todos”, decía una simpática visitante a la inauguración. Una muestra de arte no puede articular palabra, pero quienes la habitan sí, y comparten conmigo valiosa información sobre su naturaleza. En esa frase todos es ese colectivo que consume arte blanco; somos, la relación indexical con la realidad de cuya creencia es partícipe el testigo; Ciudad Juárez, una ciudad cualquiera, blanca y polivalente. La única que, ya limpia de todo detrito puede ser tomada por polivalente.

La gala de los premios fue narrada desde el principio como un indicio más de la cutrez de una parte de esta industria. Yo no estuve, pero contrastando las palabras de mi informante con otras fuentes que he leído, pude hacerme una idea.

Los mundos se cruzan. Yo ya soy externa al contexto y confundo los informantes. A mitad de la noche desperté febril: quien más había revelado sobre la gala de los premios del IAC había sido en realidad aquella mujer que caminaba hacia mi en la pasarela de mármol del museo de Móstoles. “Ciudad Juárez somos todos… Ciudad Juárez somos todos…” Como ocurrió en sueños al agente Cooper, el susurro abyecto de una dama misteriosa anunció ayer lunes la compleja naturaleza de la trama en la que yo acabo de entrar.

In English

My infortmants

Driving from Legazpi square, Madrid equals traffic lights and jams. Trees line up on the streets, mostly acacias. The city is grey and humid. We drive towards Móstoles for the opening of Testigo, Mexican artist Teresa Margolles’ last solo show at Centro de Arte 2 de Mayo. It is a Monday and three friends who haven’t seen each other in a month and a half fill the car, with the last-minute incorporation of someone with a superhero name. Drinks lubricate the group’s verbal battery against the award gala organized by the Instituto de Arte Contemporáneo in the Reina Sofía national museum the previous Friday. For an outsider, any story shared by locals is a golden fetish; a thousand layers information cake about an event. One values the informer’s opinion as a story mediated by its direct implication in the context. One also values the information it throws about my informant’s role in the wider framework enveloping the event she talks about; the words chosen, and, of course, all detailed specific data she shares about the discussion subject itself. They are all valued material. During drinks, the artist who witnessed the ceremony spoke of its ridiculous nature. Our chat tuned our hearing and got us ready to make an entrance into that uncanny kind of event art openings are.

I am not sure if Margolles’ exhibition at CA2M is a witness because it provides an attestation as to the truth of something. It may be it because it acts similarly to that type of object that, albeit unanimated, states or implies the veracity of a specific fact. It may even be the case that the title does not refer to neither the exhibition nor the work, but to the artist herself. I can’t tell. All I’m certain of is that Testigo is the title of a photograph of a tree. This tree is somewhere in Ciudad Juárez drilled with bullet impacts. Anyway. I am of the opinion that every art show should somehow be interrogated as a potential witness, be it of the way artists live and perceive their work, or of their answers to the questions worrying their generation –how does she solve now what kept her mind busy fifteen years ago? A show will testify about an artist’s visibility in the market, or, conversely, about its circulation in alternative institutional frameworks. It will provide evidence of that moment in her biography when unexpected external causes connotated her practice in unknownst directions, articulating a linguistic and material u-turn to whatever she would sign. In principle, due to their un-human nature, art exhibitions should not be able to spoil us with spoken testimonies. Interrogating them frontally seems complicated.

My informant spoke naturally about the gala, and the show also shared information with me. The works in it portrayed an innocuous Ciudad Juárez. To my surprise, it resembled more today’s Tijuana instead. This is not the forum for detailed formal descriptions -you’d better go visit the show at Móstoles-, but if the works spoke about anything at all it were the manifold contortions Margolles would have had to go through in order to extract the vision of death from the urbanscape. Unless we find the witnesses to her biographical plasticity we will never know how this took place. But what we do have is this show as a hint for that operation. It seems like the dead got rid of their bodies thus becoming abstract, ghostlike, transparent. Sometimes our productions speak of ourselves as well. 

The erasure of conflict is a kind of miracle provoked by the characteristics of certain media. In the light of that anecdote telling us that everything will eventually be gorged by capital, one sees the red blood of fish swimming against the big river’s currents turn chill beer foam. “Ciudad Juárez somos todos” (“We are all Ciudad Juárez”), a funny lady celebrated at the opening. An art exhibition cannot articulate words, but those who inhabit it surely do. As my friend the informant did, they are generous with what they share about its nature. In that sentence todos represents that collective gathering these days in the city to collect art; somos, the indexical relation with reality in which every witness trusts; Ciudad Juárez, any standard, multipurpose town. It is the sign for a certain urbanity that, once clean of debris, becomes polyvalent.

The ridiculous ICA’s award gala was narrated from the start as yet another prove of a part of this industry’s misery. Despite I wasn’t there, the thorough words of my informant

Worlds collide. I am already an outsider to this once familiar context. I mistake informants. In the middle of the night fever woke me up: who had most revealed about that award gala had actually been the woman crossing the museum’s balcony towards me. “Ciudad Juárez somos todos… Ciudad Juárez somos todos…” . As it once happened to Agent Cooper, a ghostly female’s murmur announced in dreams the nature of the drama where I’d just immersed myself.

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